Cada día se abandonan miles de perros en ciudades y pueblos de todo el mundo, algunos de ellos, por desgracia los menos, tienen la suerte de llegar a una protectora y ser adoptados por nuevas familias que sí les ofrecerán la seguridad y cariño que se merecen, a cambio ellos les darán amor incondicional de por vida.

Y es que así son nuestros mejores amigos, los perros, llenos de amor y agradecimiento, ellos nunca os dejarán solos o solas y pasarán toda su vida a vuestro lado.

Siempre me han gustado los perros, pero hace justo una semana que mi querida perrita Galia llegó a casa adoptada de una protectora y ha cambiado mi vida y la de toda mi familia. No os puedo expresar con palabras la gran cantidad de alegría y amor que es capaz de demostrar hacia nosotros. ¡Si hasta nos ha rejuvenecido a todos!

Y hoy justamente he leido un artículo fantástico del Refugio del Baix Camp, explicando la historia de Chispita, una perrita adoptada que actualmente forma parte de la Ayuda Asistida con Animales de Compañía. Ella anima a personas en una residencia de ancianos quienes esperan con alegría la visita semanal de su buena amiga y hace que no se sientan tan solos.

Os animo a leerla tal y cómo se ha escrito en la web del mismo Refugio y espero que sirva de inspiración a muchas personas que se sienten solas.  También os adjunto los links de un par de Refugios y Protectoras que conozco bien, pero seguro que cerca de tu ciudad hay algún centro de acogida de animales abandonados dónde podrás encontrar un amigo y compañero inseparable para toda su vida :-) Y recuerda: ¡no compres, adopta!

Asociación Protectora El Buen Amigo (Sevilla)

Liga para la Protección de Animales y Plantas de Barcelona

Perros que te ayudan a no sentirte sola

El largo camino a casa

«Cuando nací nunca pedí ser abandonada». Así podría definir la primera etapa de mi vida. Al ver los rostros de mis primeros dueños, nunca se diría que harían tal atrocidad; pero sin saber bien el porqué me vi fuera de sus vidas.
La salida a un mundo externo que no conocía me provocó temor, pavor, en algunos momentos, hacia las cosas buenas de la vida. Me escondía porque no sabía dónde iría ni quién me cuidaría. Mi medicina fue El Refugi del Baix Camp, ellos me colmaron del amor que necesita un ser para atender a su existencia; me procuraron medicinas, comida y atenciones de todo tipo. Empezaba a ser feliz, pero no tenía realmente un hogar. Poseía el hogar del huérfano, el hogar del que ha tenido la suerte de escapar del vacío; a las puertas del instante feliz en el que alguien conserva su humanidad en ti y la sostiene en la mirada.
Mi paso por allí fue, en cierto modo, maravilloso porque hice amigos y aprendí a relacionarme con otros canes de distinto carácter al mío (yo era una combinación de timidez y alegría por aquel entonces –como el que quiere celebrar la vida en el momento más arduo, pero que aporta la flor que permite sonreír al que más padece-). Todavía recuerdo una gran matriarca (Tinta), elegante hasta en invierno; pues llevaba un jersey rojo fuego para conservar el calor que le permitía protegernos y liderarnos. Al ser un espacio multicolor también había “copitos”, que es como llamaba yo a perros como Neu, cachorros y perros jóvenes que manifestaban su buen hacer hasta en su pelaje. Luego había perritas de alta cuna, que se paseaban altivas por el patio, pero que no dejaban de ser un pedazo de pan. Era el caso de Milka que descendía de las grandes castas de dálmatas del norte. Sus ojos me recordaban los ojos que describía Antonio Colinas en su poema: «lloro porque en los ojos de mi perro hallo la humanidad». Pero no todos los escritores se dejan fascinar por los perros. Joseph Brodsky y la pensadora malagueña María Zambrano eran grandes amantes de los felinos, por no hablar de los autores japoneses y sus «Sosekis». Como podéis ver soy una chica instruida.
Un buen día, una señora con buenas intenciones quiso llevarme a su palacete. Yo no las tenía todas, pero ya que mostró tanto empeño y tesón me aventuré. Y ya puedo decir que fue una aventura, vaya que sí. En secreto yo le llamaba «la Hija del Viento» (por lo de Carl Lewis y tal –un día vi una revista muy vieja para los pipis que salía él sosteniendo una medalla de colores muy brillantes y en el pie de foto ponía «el Hijo del Viento pulveriza el récord del mundo de velocidad»-). Os aseguro que nada comparado con aquella señora, no tengo recuerdo alguno de posar ninguna patita en el suelo cuando me sacaba a pasear. Creo que fui la primera de mi especie en aprender a volar.
Tiempo después me encontré otra vez en el Refugi Baix Camp. Por suerte lo regentan personas muy bellas y responsables y me volvieron a ofrecer mi suite. Aún recuerdo cómo se reía de mí Tinta al verme llegar tan confusa, pero enseguida se acercaron todos mis amiguitos a darme sendos lametones.
La siguiente etapa de mi vida pasa por la readaptación, por saber que los seres humanos no son todos iguales y que de la generosidad y el asombro diario nace la confianza. Aunque lo que más me gustaba era la hora de comer (me zampaba yo solita un cuenco, a pesar de que a veces algún grandullón intentaba echarle el guante a mi ración). Esta etapa terminó un sábado.
¿Os he dicho que los sábados suele ser el día que se acercan nuestros futuros papis y mamis? (vosotros los llamáis adoptantes, pero me gusta más mi versión). Ay, ese día me enamoré, qué queréis que os diga, esos ojazos claros, su estatura, su forma de tocarme, pero ¿os lo podéis creer? Se fue. Qué desolación, ¿lo vería más? Eso corría por mi mente, hasta me planteé dejar de comer, pero eso no hace para una dama como yo.
Pero una sorpresa lleva a la otra y a otra, y esta última a la otra, hasta que regresó, mi caballero andante (Frank), volvió para pasearme y convertirse en mi caballero «paseante». «Paseando a Miss Chispita» me decían mis queridos vecinos canes, pero no me afectaba, sabía que tenían celos y a mí me daba penita porque no sentían ese amor.
Frank y yo somos uno ahora, él cuida de mí y yo cuido de él, y hago mucho, no os penséis. Él está en una residencia de mayores en Cambrils, como ayudante, llamada Residencia Costa Mediterranea, y junto con Cristina Rosendo que es la Terapeuta Ocupacional, organizaron una actividad donde yo pudiera dar toda la felicidad y vitalidad que tengo. Esta actividad se llama Terapia Asistida con Animales de Compañía (T.A.A.C) ¿Que qué hago? Recibo mimos; como chuches; me quedo regalos, besos y algún achuchón. Es muy duro, pero de tanta felicidad no quepo en mí. Imaginaos que los residentes están a la espera de que llegue cada martes, sin falta. Ahora soy más famosa que la dálmata.
Según me ha explicado mi caballero (Frank) y mi nueva amiga (Cristina) gracias a mi visita, muchos de los residentes aumenta su actividad física, ya que me pasean por los pasillos o por el patio de la residencia, trabajan la orientación temporal, siempre recuerdan que día es, cuando me ven aparecer por la puerta. A los residentes que están encamados con mi simple presencia les mejoro su autoestima y les doy un ratito de entretenimiento y/o distracción que les ayuda a disminuir sus sentimiento de aislamiento, también me cuentan que gracias a mi algunos residentes aceptan a realizar una actividad con solo darle un poco de mi cariño e incluso mejoran la comunicación e interacción con las personas,…
Pero la verdad, para mí la recompensa que yo les ofrezco es simplemente aceptarles como personas, sin juzgarles y recibir su amor, como en la vida, en nuestras vidas, en la vida de todos.
Ese es el gran recorrido que me ha llevado a casa y que me permite llevar adoración en los hogares de otros, los conozca o no.
Si os ha gustado la historia de mi vida, venid, llamad al Refugi Baix Camp. Hay muchas por escribir; momentos bellos por editar y está en vuestras manos que lo hagáis. No hay nada más bello que dar o compartir. Veréis cuánto hay de bello y noble en el corazón de un animal, que todos somos lo mismo, alma de naturaleza; belleza en la expresión, compañía cuando más la necesitamos.
Y recordad, no abandones, no sólo porque ellos no lo harían, sino porque no lo merecen.
Texto realizado por Enric López Tuset para El Refugi Baix Camp.

«Cuando nací nunca pedí ser abandonada». Así podría definir la primera etapa de mi vida. Al ver los rostros de mis primeros dueños, nunca se diría que harían tal atrocidad; pero sin saber bien el porqué me vi fuera de sus vidas.
La salida a un mundo externo que no conocía me provocó temor, pavor, en algunos momentos, hacia las cosas buenas de la vida. Me escondía porque no sabía dónde iría ni quién me cuidaría. Mi medicina fue El Refugi del Baix Camp, ellos me colmaron del amor que necesita un ser para atender a su existencia; me procuraron medicinas, comida y atenciones de todo tipo. Empezaba a ser feliz, pero no tenía realmente un hogar. Poseía el hogar del huérfano, el hogar del que ha tenido la suerte de escapar del vacío; a las puertas del instante feliz en el que alguien conserva su humanidad en ti y la sostiene en la mirada.
Mi paso por allí fue, en cierto modo, maravilloso porque hice amigos y aprendí a relacionarme con otros canes de distinto carácter al mío (yo era una combinación de timidez y alegría por aquel entonces –como el que quiere celebrar la vida en el momento más arduo, pero que aporta la flor que permite sonreír al que más padece-). Todavía recuerdo una gran matriarca (Tinta), elegante hasta en invierno; pues llevaba un jersey rojo fuego para conservar el calor que le permitía protegernos y liderarnos. Al ser un espacio multicolor también había “copitos”, que es como llamaba yo a perros como Neu, cachorros y perros jóvenes que manifestaban su buen hacer hasta en su pelaje. Luego había perritas de alta cuna, que se paseaban altivas por el patio, pero que no dejaban de ser un pedazo de pan. Era el caso de Milka que descendía de las grandes castas de dálmatas del norte. Sus ojos me recordaban los ojos que describía Antonio Colinas en su poema: «lloro porque en los ojos de mi perro hallo la humanidad». Pero no todos los escritores se dejan fascinar por los perros. Joseph Brodsky y la pensadora malagueña María Zambrano eran grandes amantes de los felinos, por no hablar de los autores japoneses y sus «Sosekis». Como podéis ver soy una chica instruida.
Un buen día, una señora con buenas intenciones quiso llevarme a su palacete. Yo no las tenía todas, pero ya que mostró tanto empeño y tesón me aventuré. Y ya puedo decir que fue una aventura, vaya que sí. En secreto yo le llamaba «la Hija del Viento» (por lo de Carl Lewis y tal –un día vi una revista muy vieja para los pipis que salía él sosteniendo una medalla de colores muy brillantes y en el pie de foto ponía «el Hijo del Viento pulveriza el récord del mundo de velocidad»-). Os aseguro que nada comparado con aquella señora, no tengo recuerdo alguno de posar ninguna patita en el suelo cuando me sacaba a pasear. Creo que fui la primera de mi especie en aprender a volar.
Tiempo después me encontré otra vez en el Refugi Baix Camp. Por suerte lo regentan personas muy bellas y responsables y me volvieron a ofrecer mi suite. Aún recuerdo cómo se reía de mí Tinta al verme llegar tan confusa, pero enseguida se acercaron todos mis amiguitos a darme sendos lametones.
La siguiente etapa de mi vida pasa por la readaptación, por saber que los seres humanos no son todos iguales y que de la generosidad y el asombro diario nace la confianza. Aunque lo que más me gustaba era la hora de comer (me zampaba yo solita un cuenco, a pesar de que a veces algún grandullón intentaba echarle el guante a mi ración). Esta etapa terminó un sábado.
¿Os he dicho que los sábados suele ser el día que se acercan nuestros futuros papis y mamis? (vosotros los llamáis adoptantes, pero me gusta más mi versión). Ay, ese día me enamoré, qué queréis que os diga, esos ojazos claros, su estatura, su forma de tocarme, pero ¿os lo podéis creer? Se fue. Qué desolación, ¿lo vería más? Eso corría por mi mente, hasta me planteé dejar de comer, pero eso no hace para una dama como yo.
Pero una sorpresa lleva a la otra y a otra, y esta última a la otra, hasta que regresó, mi caballero andante (Frank), volvió para pasearme y convertirse en mi caballero «paseante». «Paseando a Miss Chispita» me decían mis queridos vecinos canes, pero no me afectaba, sabía que tenían celos y a mí me daba penita porque no sentían ese amor.
Frank y yo somos uno ahora, él cuida de mí y yo cuido de él, y hago mucho, no os penséis. Él está en una residencia de mayores en Cambrils, como ayudante, llamada Residencia Costa Mediterranea, y junto con Cristina Rosendo que es la Terapeuta Ocupacional, organizaron una actividad donde yo pudiera dar toda la felicidad y vitalidad que tengo. Esta actividad se llama Terapia Asistida con Animales de Compañía (T.A.A.C) ¿Que qué hago? Recibo mimos; como chuches; me quedo regalos, besos y algún achuchón. Es muy duro, pero de tanta felicidad no quepo en mí. Imaginaos que los residentes están a la espera de que llegue cada martes, sin falta. Ahora soy más famosa que la dálmata.
Según me ha explicado mi caballero (Frank) y mi nueva amiga (Cristina) gracias a mi visita, muchos de los residentes aumenta su actividad física, ya que me pasean por los pasillos o por el patio de la residencia, trabajan la orientación temporal, siempre recuerdan que día es, cuando me ven aparecer por la puerta. A los residentes que están encamados con mi simple presencia les mejoro su autoestima y les doy un ratito de entretenimiento y/o distracción que les ayuda a disminuir sus sentimiento de aislamiento, también me cuentan que gracias a mi algunos residentes aceptan a realizar una actividad con solo darle un poco de mi cariño e incluso mejoran la comunicación e interacción con las personas,…
Pero la verdad, para mí la recompensa que yo les ofrezco es simplemente aceptarles como personas, sin juzgarles y recibir su amor, como en la vida, en nuestras vidas, en la vida de todos.
Ese es el gran recorrido que me ha llevado a casa y que me permite llevar adoración en los hogares de otros, los conozca o no.
Si os ha gustado la historia de mi vida, venid, llamad al Refugi Baix Camp. Hay muchas por escribir; momentos bellos por editar y está en vuestras manos que lo hagáis. No hay nada más bello que dar o compartir. Veréis cuánto hay de bello y noble en el corazón de un animal, que todos somos lo mismo, alma de naturaleza; belleza en la expresión, compañía cuando más la necesitamos.
Y recordad, no abandones, no sólo porque ellos no lo harían, sino porque no lo merecen.
Texto realizado por Enric López Tuset para El Refugi Baix Camp.

Las personas mayores que se sienten solas tienen más riesgo de padecer una enfermedad cerebral degenerativa, dicen los investigadores holandeses que ha realizado un estudio entre 2000 pacientes, sobre la relación significativa entre los sentimientos de soledad (en lugar de no tener amigos) y el riesgo de padecer una enfermedad degenerativo del cerebro.

Los investigadores han realizado su estudio en Amsterdam durante un largo periodo de tiempo y entre pacientes que no presentaban ningún signo de demencia al iniciar el estudio. Los datos revelados por el estudio son arrolladores: una de cada diez personas que vivían solas habían desarrollado demencia al cabo de tres años, en comparación con uno de cada 20 entre aquellos que vivían con otras personas.

Pero no únicamente eso, sino que aquellas personas que dijeron que se sentían solas, vivieran acompañadas o no, doblaban los casos de demencia sobre la media de la mayoría de países desarrollados. Por lo que parece que los sentimientos de “sentirse solo” más que “estar solo” estarían asociados a un mayor riesgo de sufrir la demencia.

Todos sabemos que la gente mayor pueden sufrir muchísima soledad, es por eso que nos encantan servicios e iniciativas cómo “Amics de la gent gran ” (Amigos de la Gente Mayor) del que hablaré en más profundidad próximamente, o el servicio “Àpats en Companyia” (Comidas en Compañía). Y es que en Barcelona, más de 700 personas mayores que viven solas comen cada día en ‘casals de gent gran’.

comida contra la soledad

Àpats en Companyia es un servicio municipal para la gente mayor que vive sola y no está en condiciones de cocinar o tiene pensiones demasiado bajas para pagarse la comida.

Pero su objetivo no es sólo darles una alimentación adecuada sino también lograr que se relacionen con otras personas de su edad. Muchos ya han hecho amistades en estos comedores y para muchas personas es una manera de “obligarse a salir” de casa y no encerrarse en su propia soledad. Y es que en Barcelona hay alrededor de 700 personas de más de 60 años que sacan fuerzas de debajo de las piedras y van a comer a alguno de los más de 20 ‘casals’ de gente mayor con este servicio.

Maria, una viuda de  82 años describe su experiencia en estos comedores de forma muy positiva: «Me quedé viuda y estaba muy desanimada pero aquí juego al bingo y me lo paso muy bien». Y es que, tras la comida, en los ‘casals’ les invitan a participar en actividades y relacionarse con otros jubilados.

A esta prestación se accede a través de los servicios sociales municipales y los beneficiarios pagan un precio simbólico por la comida en función de su situación económica.

Esperamos que, a pesar de la situación económica mundial actual, muchas más ciudades tomen iniciativas similares y ayuden a romper la soledad de muchas personas.

¡Felices fiestas a todos!
Hemos estado ausentes unos meses, nos hemos tomado un descanso para retomar este proyecto con más fuerza ahora que sentirse sol@ parece estar presente más que nunca, tanto por la situación económica que lleva a muchas personas a aislarse más por falta de recursos para salir o socializar, cómo por las fechas en las que nos encontramos. Aún así, estamos en pleno cambio de la página web, queremos que este blog se convierta en una auténtica comunidad dónde tengáis un espacio y compañía y poco a poco iréis viendo los cambios.
El pasado año, por estas fechas, me afectó mucho oir la noticia de una anciana que se suicidó justo antes de Navidad. Ni tan solo la conocía, pero una persona que la conocía y quién me habló del caso, me dijo que estaba sana, aparentemente sin problemas de dinero y que incluso tenía algo de familia. Pero se sentía sola, muy sola desde que perdió a su marido hace unos 10 años y, poco a poco fue perdiendo las ganas de vivir más tiempo sin él.
La soledad durante la época vacacional puede llegar a ser muy fuerte durante la temporada de Navidad cuando es más fácil acordarnos y echar de menos a los que ya no están con nosotros. “¿Qué se supone que tengo que hacer sin mi esposo, mujer o ser querido?”  podría ser la pregunta, o ¿Cómo puedo seguir adelante sin mi familia?.
Bueno, siento no tener las respuestas a estas preguntas, lo único que puedo hacer es explicar las cosas que recomendaría e intentaría hacer en estos casos:
1.- Habla con alguien: No necesariamente tiene que ser alguien de tu familia o amigos más cercanos, a veces es mejor hablar con gente nueva, porque no tienes la sensación que simplemente sienten lástima por ti: Dependientes, alguien en el pequeño café de la esquina o en la biblioteca, un vecino con el que nunca antes habías hablado,…¡tú eliges!. Hay mucha gente por ahí dispuestos a hacer nuevos amigos o tener una charla con alguien interesante. Y TU eres una persona interesante con quién hablar!
2.- Manténte en contacto o recupera el contato con viejos amigos o conocidos: La Navidad te da una excusa perfecta para volver a contactar con ellos, incluso si han pasado años desde la última vez que hablasteis. Te animarán y te escucharán y puede que te inviten a visitarles o… puedes invitarlos tú a una reunión de Navidad, ¡también tú puedes tomar la iniciativa!
3.- Consigue una mascota: perro, gato… Siempre están dispuestos a mostrar su amor y afecto y te harán sentir que tienes nuevas responsabilidades y serán una buena razón para levantarte todos los días ya que ¡dependen de ti!
4.- Come sano: Las vitaminas son fundamentales para animarte, si no comes bien es más probable que te sientas deprimido/a.
5.- Siéntete activo/a siempre que puedas: haz algo de ejercicio si te es posible (caminar, bailar, nadar, hacer yoga,…) si no, busca alternativas para sentirte activo uniéndote a grupos sociales.
6.- Asiste a los eventos de tu ciudad: cada ciudad tiene eventos interesantes en hospitales, bibliotecas, escuelas, etc. Ni tienes que ser un miembro para participar en ellos, especialmente si te haces voluntario. Estas actividades te vincularán a la comunidad y te será más fácil conocer gente nueva.
7.- Acepta asesoramiento (pagando o de forma gratuita): No hay nada malo en hablar con un psicólogo o psiquiatra, y también hay otras instituciones que dan apoyo gratuito a personas que se sienten deprimidas. Hazles una llamada antes de hacer algo radical.
8.- Apúntate a una iglesia, un club o cualquier grupo que organice clases o eventos en tu comunidad: Si no te apetece no tienes porque participar activamente al principio, simplemente disfruta del hecho de estar allí rodeado de otras personas alegres, manténte ocupado/a y realizado/a.
9.- Inicia un nuevo hobby o cumple un sueño de tu infancia: Al ir haciéndonos mayores olvidamos o renunciamos a algunos de las aficiones o sueños que teníamos cuando éramos pequeños. Tal vez sea el momento adecuado para volver a ellos. Nunca deberíamos renunciar a nuestros sueños, independientemente de la edad que tengamos.
10.- Hacerte voluntario/a o conseguir un trabajo a tiempo parcial: Desde dar consejos a los jóvenes, compañía a ancianos o ayudar a un niño a vivir una vida mucho mejor, hasta convertirte en un consultor a tiempo parcial para emprendedores, siempre hay miles de posibilidades para utilizar los conocimientos que tienes de la vida.
Y, sobre todo recuerda: ¡Te necesitamos, por favor, no te rindas!
Y si conoces a alguien que esta solo/a, por favor, vigílalos más de cerca durante las épocas de vacaciones, mantén el contacto con ellos, hazles saber que son importantes para ti y no dejes que se sientan solos. De hecho, en Polonia hay una bonita tradición de Navidad: dejan un asiento libre para los desconocidos durante la cena de Navidad, le llaman el “Invitado inesperado”. De esta forma se celebra la tradición de hospitalidad en Polonia. El asiendo extra se deja vacío en caso que un viajero, un miembro de la familia, un amigo o alguien que lo necesite, llame a la puerta esa noche, así tendrían un lugar donde se pudiera sentar. También representa un lugar para los miembros de la familia que han fallecido.
Un bonita tradición que ojalá se mantuviera en todas partes durante todo el año.

Nota: Gracias a nuestros compañeros de www.shareyourhappiness.com por su colaboración

Factores como el estrés, los problemas familiares y financieros, han propiciado que la llamada crisis de la edad adulta que normalmente comenzaba a los 50, ahora se manifieste antes, entre los 35 y 45 años.

De acuerdo con una encuesta realizada por la empresa Relate en Reino Unidos, aquellos que tienen entre 35 y 45 años conforman el grupo de edad que manifiesta con mayor frecuencia sentirse solo y deprimido, gran parte del día.

Uno de cada cinco encuestados dice sentirse solo/a la mayor parte del tiempo o sufrir depresión y la mayoría de los encuestados con estos resultados lo atribuyen a los problemas que tienen para llevar sus relaciones personales en el trabajo y en el hogar, así como el estrés provocado por la carga excesiva de trabajo, incluso el 49 por ciento manifestó que le gustaría dedicar más tiempo a su familia y el 33 por ciento piensa que trabajar menos tiempo mejoraría sus relaciones personales, hasta el punto que el 41% de los niños británicos únicamente ven a su padre una vez al mes o menos.

Los motivos más citados por los que estas personas se manifestaban tristes o solos eran las peleas, las horas de trabajo, la repartición de tareas domésticas, la falta de relaciones sexuales y principalmente las dificultades económicas. Incluso, los expertos creen que la crisis financiera actual pudo haber sido el detonante del incremento de problemas de depresión.

Además los expertos argumentan que la gran cantidad de casos de depresión en este grupo se debe a que es en este periodo cuando las expectativas empiezan a caer y a su vez, los adultos hablan con más franqueza.

“Stop soledad: Sociedad en construcción”. Con este lema la agrupación Amigos de los Mayores en España (Madrid, Barcelona y Valencia) se reunió el pasado fin de semana para celebrar el Día Internacional de las personas mayores. ¿Cómo es la sociedad que en la que te gustaría vivir? Anímate a empezar a construir un nuevo mundo donde ningún mayor padezca soledad.

Voluntarios de todas las delegaciones europeas de Amigos de los mayores (España, Francia, Irlanda, Polonia, Suiza y Alemania) celebraron actos festivos por toda Europa en los que regalaron 35.000 flores a las personas mayores.

En España viven solos ya más de un millón de mayores de 65 años. “Por eso queremos aprovechar la celebración del Día Internacional de las Personas Mayores para luchar contra la soledad que sufren las personas con círculos sociales más limitados o con otros problemas, como la falta de recursos o la movilidad reducida. Problemas que pueden agravar su situación e impedir su derecho a una vejez activa y a participar en la vida social cultural y política” explica la delegación de Amigos de los mayores de Madrid.


La página, creada en los Estados Unidos, tiene por objetivo ayudar a los presos a sobrellevar la soledad. Pueden colocar sus perfiles online, así como fotografías, poemas, solicitudes de ayuda legal y hasta currículums para recibir cartas de ciudadanos anónimos u ofertas de trabajo para aquellos que está a punto de salir de prisión.

Los ciudadanos pueden acceder y escribir de forma gratuita, pero los internos tienen que pagar una pequeña tasa para poder postear los perfiles, aunque postear sus currículums no tiene ningún coste.

WriteAPrisoner tiene como finalidad comunicar a los reos con personas en libertad porque el objetivo fundamental de la web es “ayudarlos a sobrellevar la extrema soledad”.

Jóvenes como Frankie, quienes saldrán en poco tiempo de prisión, presentan sus situación: “Cuento los días que me quedan para poder ser libre, días que parecen semanas, que parecen meses… He decidido entrar online buscando amigos y relaciones que me ayuden a pasar el tiempo y conocer gente nueva”. Pero también hay reos en situaciones aún más solitarias como Robert que está en el corredor de la muerte “desde diciembre de 2003. Confinado en una celda de 2,4 por 3,6 metros. Me permiten salir de ella dos horas al día, cinco días a la semana. No tengo contacto físico con nadie y la comunicación con mis compañeros es limitada. Si quieres ser mi amigo, por favor, escríbeme”.

En la actualidad, 2,3 millones de estadounidenses están en prisión, según un estudio del Pew Center, mientras la nueva red social cuenta con más de 5.600 perfiles, por lo que sus posibilidades de crecimiento son enormes. Sólo el 8,4% de los perfiles registrados corresponde a mujeres.

Conectar con personas felices mejora tu propia felicidad, o eso como mínimo se desprende de estudio iniciado en 1971 y que hasta el 2003 recogió información entre más de 5.000 individuos por el profesor de sociología médica, Nicholas Christakis, de la Harvard Medical School y James Fowler de la Universidad de California en San Diego. Sus conclusiones se publicaron en la revista “British Medical Journal” (BMJ) y lo más importante es que confirma que “las personas somos seres sociales y el bienestar y la salud de un individuo afecta a la de quienes le rodean“.

Durante el estudio, los voluntarios aportaron información de nacimientos, matrimonios, muertes, divorcios, amigos más cercanos, compañeros de trabajo y vecinos y se valoró la felicidad usando un sencillo test de cuatro preguntas:
“Con qué frecuencia la semana pasada, uno: disfrutaron de la vida, dos: fueron felices, tres: se sintieron esperanzados sobre el futuro y cuatro: sintieron que eran tan buenos como otras personas.”

El 60% por ciento de las personas que dieron una puntuación alta a estas cuatro preguntas fueron calificados como felices, mientras que el resto fueron designados infelices.

El resultado reflejó que las personas con más conexiones sociales (amigos, pareja, vecinos, familia, etc) también eran los más felices. Según el prof. Christakis: “Cada persona feliz adicional, te hace más feliz”. Y también descubrieron que la felicidad es más contagiosa que la infelicidad.

“Si un contacto social es feliz, aumenta la probabilidad de que tú lo seas en un 15%”, dijo Fowler. “Un amigo de un amigo, o el amigo de una esposa o un hermano, si son felices, incrementa tus probabilidades un 10%”, añadió Christakis.

“Un amigo feliz en tercer grado (amigos de amigos de amigos) sube las posibilidades de una persona de ser feliz en un 6%.

Este tipo de herramientas de análisis de networking social y cómo influyen en la felicidad de las personas están siendo cada vez más estudiadas. Si queréis saber más sobre como afectan las conexiones sociales en nuestra felicidad, incluso en nuestra salud y la obesidad, os recomiendo ver este video (en Inglés).

¿Y tú que opinas? ¿Quién no se ha sentido alguna vez contagiado por la felicidad de un amigo, un padre, un hermano?  ¿Y no parece acaso que las penas vienen todas juntas entre conocidos y allegados? ¿Rodearte de gente feliz te hace más feliz? ¿Tienes algún amigo/a, familiar, etc que siempre se está quejando por todo, siempre está de mal humor o triste y sientes que eso te afecta en tu propio caracter?

Un equipo de psicólogos de la Universidad de Arizona (UA) ha estudiado recientemente el fenómeno de la soledad y los efectos de ésta en la salud individual, con interesantes resultados, Los científicos señalan que la soledad es dañina para la salud porque potencia los hábitos nocivos de salud y el estrés.

Para su análisis, los investigadores Segrin y Passalacqua realizaron una encuesta a un total de 265 adultos de entre 19 y 85 años sobre el apoyo social con que contaban, su soledad, su nivel de estrés, sus hábitos de salud y su salud general.

El estudio demostró que los individuos más solitarios se cuidan menos, duermen peor y tienden a consumir más medicamentos. Además, son menos capaces de lidiar con los elementos estresantes de la vida cotidiana, es decir, se estresan más.
Todos estos hábitos establecen una relación entre la soledad y una salud pobre. Por el contrario, las respuestas de los participantes demostraron que aquellas personas con un apoyo social mayor presentaban un estado de salud mejor.

Otro dato muy interesante es que la soledad sería, al menos en parte, una cuestión subjetiva, que depende de la percepción de cada individuo. Según explica Segrin en el comunicado emitido por la UA, “se podría definir la soledad como la diferencia entre el nivel de contacto social que deseamos y el que realmente alcanzamos”.
Por eso, resulta tan difícil establecer lo que es una persona solitaria, porque de hecho, este perfil depende en gran parte de lo que cada individuo considera como “estar solo”. Así, no es de extrañar que se den casos de personas que disfrutan de muchas relaciones sociales y aún así puedan sentirse solas.

Sin embargo, según publican los investigadores en un artículo aparecido en la revista Health Communication, los resultados obtenidos de este cuestionario demostraron que en la soledad sí existe un factor decisivo que determina la soledad real: la calidad de las relaciones personales, y no su cantidad. La ausencia de familiares y amigos cercanos es un hecho grave que puede afectar a la salud.

Los resultados obtenidos en los trabajos de Segrin y Passalacqua explicarían porqué los individuos solitarios suelen presentar niveles de salud más bajos que las personas acompañadas.

En el transcurso de la historia el hombre ha ido quedando socialmente aislado perdiéndose los sentidos de pertenencia y comunidad que tradicionalmente tenían generaciones anteriores.

Pero objetivamente la soledad total no existe, entendiendo por esto que la persona nunca se encuentra totalmente aislado o incomunicado, somos seres sociales por naturaleza, no hay persona si no hay socialización desde el momento mismo del nacimiento.

El no tener relaciones afectivas importantes y encontrarse lejos o desconectado de la familia desde siempre o por un lapso muy prolongado no es una discapacidad nuestra, no es innato, ni por causa del destino, ni es elegido, es una dificultad adquirida en un encadenamiento de hechos, acontecimientos, creencias, vivencias. . . a lo largo de nuestra vida que han desencadenado en una situación de soledad concreta.

No obstante hay momentos en la vida en los cuales uno se encuentra solo: El inicio de la adolescencia es un periodo típico de soledad para muchos jóvenes por encontrarnos desubicados entre los niños y los adultos. Pero también hay otros momentos en los que se producen soledades parciales como de pareja, de amigos, de nido vacío, de lugares de pertenencia, de duelo, laboral, etc.

Ahora bien, esto nos lleva a la pregunta: ¿ello seria sentirse solo o estar solo? y ¿cómo reaccionamos frente a esto?.

En muchas ocasiones esta soledad proviene precisamente del sobre esfuerzo realizado para ser aceptados o para gustar a otros. En el afán de no estar solos llenamos los espacios de actividades y de gente lo que no necesariamente ayuda a dejar de sentir soledad, más bien al contrario. En otras ocasiones nos esforzamos tanto para gustar que dejamos de ser nosotros mismos para tomar un “papel” que se parece poco a nuestro verdadero yo. Ahí se empieza a ver el mundo desde un punto exterior de exclusión que cada vez va a más y, de forma inconsciente, nos va abriendo un camino hacía una aún mayor soledad aunque estemos permanentemente rodeados de otras personas.
Otras veces la invasión de reclamos hacia los otros llevan a empeorar la situación por el rechazo que esto suscita. O que decidamos mantener vínculos afectivos de sufrimiento o no gratificantes por el simple hecho de estar acompañado físicamente.

Es importante ver la posibilidad de disfrutar de determinados momentos de soledad como algo también positivo. Estar solo no tiene porque ser malo, al contrario, puede ser muy beneficioso pasar por etapas de soledad en la vida, el estar con uno mismo en soledad es muy constructivo. Es cuando se está solo por un largo periodo de tiempo cuando resulta antinatural e insano.

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